Texto original de Rumano traducido al Español

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Descripción


Ella es Ana*. Es mi prima menor. Aunque las dos nos acercamos a los 40 años, a ella sigo viéndola como a una niña. Una niña que ha pasado por muchas cosas en su vida. Pero no tiene sentido que os lo cuente todo ahora. 


No tiene grandes sueños. Bueno, los tiene, pero por ahora los ha dejado un poco en pausa porque la vida le ha dado un golpe de frente y por todos lados. Por ahora, su sueño es vivir. Y, si es posible, vivir con dignidad y ocuparse del resto de problemas que no dejan de llamarle a la puerta. Resolverlos, uno por uno, todos.  


El primer gran obstáculo es ese diagnóstico despiadado que pone los pelos de punta a cualquiera y que deja a cualquiera paralizado. Es lo que solo podemos esperar que no nos toque a nosotros o que pronto descubramos la cura milagrosa. 


Sí, es cáncer. Un carcinoma de mama muy agresivo que, aunque se detecta relativamente pronto, tiene un 90 % de probabilidades de extenderse. Esto significa que requiere una mastectomía (extirpación de las mamas), quimioterapia y, después, la reconstrucción de las mamas. Lo cual, en total, cuesta al menos 10 000 euros. Sí, en el ámbito privado. Allí donde encontró un médico empático y paciente, que le explicó paso a paso qué significa el diagnóstico y qué alternativas tiene. 


¿Qué riesgos hay si no se opera? Metástasis rápidas, KI-47 al 90 % —alto grado de proliferación—: el cáncer puede extenderse muy rápidamente por el cuerpo. Todavía estamos esperando el resultado de la biopsia de ganglios para saber si los ganglios son metastásicos. Si lo son, también será necesario extirparlos. 

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Ahora, probablemente se preguntarán: 


¿Por qué en el sector privado, si no tiene dinero? Que se opere en la sanidad pública, que lo paga el Estado. 

Al encontrarse en una situación desesperada, acudió a numerosas consultas en hospitales y clínicas, tanto públicos como privados. Por desgracia, en el Instituto Oncológico tuvo una experiencia dolorosa y decepcionante: fue tratada con falta de respeto y empatía. A continuación reproduzco el diálogo:

A: ¿Cuál es el diagnóstico? ¿Voy a morir?

Dr.: (seco) Sí.

A (pensando que bromeaba): ¿Cuál es el diagnóstico?

Dr.: Lo que sospechábamos. 

A: Al principio pensábamos que era algo benigno. Todos los médicos me dijeron que lo más probable era un tumor benigno. Entonces, ¿qué es?

Dr.: Cáncer. 

Después, me dijo que consultara con un oncólogo y se marchó apresuradamente.


Así fue como llegó a una clínica privada donde la trataron con comprensión y empatía y donde le explicaron paso a paso qué significaba el diagnóstico, qué pruebas le quedaban por hacer y qué tratamiento se recomendaba (cirugía y quimioterapia, cuyo orden se establecería tras los resultados de todos los análisis). 


¿Para qué necesita una reconstrucción? 

Solo quiero hacerles la siguiente pregunta: señoras, si a los 37 años perdieran ambos senos, ¿cómo verían la vida? ¿Seguirían considerando que podría ser, aunque fuera en la más mínima medida, una vida normal? Y a los señores les planteo la siguiente pregunta: ¿cómo verían a una mujer que ya no tiene pechos, aunque antes los tuviera? ¿Podrían mirarla igual que antes, o sentirían inevitablemente lástima?


¿Es que quiere dinero para ponerse implantes? 

La idea de una operación estética está muy lejos de ella. Desde que la conozco (es decir, desde que nació) nunca ha mencionado nada parecido. Ni siquiera en broma. 

Pero, veréis, aquí entra en juego la dignidad de la que hablaba antes. ¿Cómo se puede vivir con dignidad en un mundo que, queramos o no reconocerlo, es bastante superficial? ¿Cómo se puede seguir viviendo consigo mismo, después de que te hayan extirpado hasta la última pizca de feminidad? 


Y hablando de dignidad, ella ni siquiera sabe que he escrito este texto y nunca habría estado de acuerdo con una campaña pública, pero en situaciones desesperadas, recurrimos a soluciones a la medida. Solo para que entendáis por qué no he puesto su nombre real ni una foto real de ella. 


Desde hace unos meses, Ana está sin trabajo. La empresa en la que trabajaba se declaró en quiebra y, desde entonces, está buscando empleo, pero el mercado laboral se ve sacudido cada día por las medidas fiscales, la llegada de la IA y muchos otros factores que dificultan enormemente el proceso de encontrar un puesto de trabajo. 


Pero ella quiere trabajar. Vivir. Disfrutar de la vida. 


Así que no alargo más la historia. Si os sentís identificado aunque sea un 1 % y contribuís con lo que queráis y podáis, quizá logremos convertir esta historia triste en una con final feliz. Para tenerla a nuestro lado muchos años más. 


Ah, se me olvidaba: su consejo para todas las mujeres: ¡haceros una ecografía mamaria anual! No importa la edad, la genética ni los hábitos. El cáncer no perdona a nadie. 


*El nombre es ficticio para proteger su identidad y poder ayudarla sin que se sienta compadecida.



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